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Todos los problemas son básicamente simples, una vez que conoces la respuesta fundamental. Y esta no es ninguna excepción en la vida. Durante miles de años, los hombres se esforzaron por descubrir los impulsos que subyacían bajo la existencia. Y en una época de progresos en que la exploración de los universos había ya revelado suficientes secretos para darnos bombas atómicas, fue posible explorar y encontrar la ley fundamental de la vida. ¿Qué harías si tuvieras esta ley fundamental? ¡Qué fácil sería, entonces, comprender todos los misterios, los enigmas y las complejidades de la personalidad y del comportamiento! Podrías comprender a los hechiceros y a los presidentes de banco, a los coroneles y a los sirvientes del Lejano Oriente, a los reyes, gatos y estibadores de carbón. Y, más importante todavía, podrías predecir fácilmente lo que ellos harían en cualquier circunstancia dada y sabrías qué esperar de cualquier persona, sin conjeturas; de hecho, con una seguridad diabólica en su precisión.
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